En un momento como el actual en la que tanta falta hace seguir operativo intentando economizar al máximo y maximizar nuestros recursos, pero sin olvidar la calidad del servicio prestado a nuestro mercado, se hace indispensable trabajar todavía más aquellas actuaciones que son realmente claves para diferenciarnos de nuestra competencia y convertirnos en la elección preferente. Este es el secreto, si se puede denominar así, del “marketing low cost”, o de “bajo coste”. Las actuaciones a través de este marketing no se detienen únicamente en llegar a nuestro mercado y persuadirlo, estimularlo para que consuma nuestro producto o servicio, sino que además continúan en el momento mismo que el consumidor está experimentado el “momento de compra”. ¿Cómo se consigue esto? Pues analizando todas las fases desde que el cliente toma contacto con nuestra oferta, la experimenta y la sensación que cristaliza una vez que abandona la misma.
Por ejemplo, en marketing de servicios, como pueden ser el turismo residencial dentro del sector inmobiliario, que al fin y al cabo se va a traducir en un marketing de consumo con la compra de un inmueble, ahora más que nunca tiene sentido en reflexionar acerca de lo que estamos vendiendo. Por supuesto, un inmueble debe de tener las mejores calidades, estar ubicado en un buen sitio y debe de tener un precio razonable, pero todo ello se minimiza si convertimos la experiencia de compra de ese futuro propietario en un lugar ideal donde querer residir la mayor parte del año. ¿Puede ser razón suficiente el hecho de dotar de infraestructuras y equipamientos de lujo la zona residencial? ¿Le añadimos golf, spa, restaurantes? ¿Eso cuanto puede durar como atractivo en la compra de un futuro comprador medio? ¿Es razonable económicamente? En vista de los ratios de ventas de toda la oferta residencial mediterránea podemos decir que no. Al fin y al cabo un propietario nuevo, va a ser un ciudadano más de la geografía inmediata de su entorno y por consiguiente debe de estar informado de todo aquello que podría hacer o disfrutar su reside en un lugar concreto, pero sin embargo, todo ello hay que hacerlo de una manera transparente, sin maquillaje.
En la venta inmobiliaria funciona, lo que el cliente experimenta y “funciona”, es decir, ha habido una mezcla cada vez mayor entre la oferta turística y la residencial, ya no puede vivir al una sin la otra. Si bien esto ya lo sabían los primeros promotores inmobiliarios y fueron los primeros que empezaron a dar a conocer la cultura española a través de las visitas comerciales de sus clientes allá por los años 80, ahora hemos vuelto a aquellos comienzos, donde tiene igual de importancia la apertura de un nuevo restaurante en la zona a la vez que amueblas el piso piloto.
Un paseo por la playa, acudir a tomar una copa al lugar de moda cercano al residencial, la visita a un mercadillo de calle, una fiesta popular, leer el periódico en una terraza leyendo el periódico, se han convertido en las mejores armas de ventas, por ejemplo, para este sector. Para otros sectores donde la venta al por mayor, la rotación o la venta técnica no tenga nada que ver con todo lo expuesto, también tiene su marketing low cost, y es cuestión de investigar y analizar, quizá atacando a la rama formación, usando las nuevas tecnologías, o haciendo vivir una experiencia de compra única a una gran multinacional. La economía actual nos lleva a reflexionar sobre cómo hacer de nuevo las cosas, y si el pasado combinado con el presente nos da la posibilidad de experimentar nuevas tácticas de mercado para seguir compitiendo en él.